Cuando apenas tenía cuatro años, alguien le dijo a mi madre
que era especial, mi vida no iba a ser como la de cualquier niña, pero ante
todo sería fuerte.
No hace mucho que escuché a mi madre contarme lo que aquella
señora le dijo, pero desde hace trece años mi madre me recuerda cada mañana lo
especial que soy para ella.
Me llamo Diana y tengo 17 años, pero como mi madre me decía,
parezco más mayor de lo que las chicas de mi clase aparentan, en realidad no
soy yo la que aparenta ser más mayor, quizás son ellas las que parecen muy
niñas aún. En cualquier caso mi madre siempre me recordaba lo distinta que era
a los demás, era única para ella, soy única para ella.
Mi madre murió hace diez días, un cáncer de útero acabó con
su vida. Esta situación es muy difícil para mi, me ha costado nueve meses
asimilar que no volvería a verla cada mañana al despertarme, no volvería a
escuchar su voz cantándome aquellas canciones que me cantaba cuando de pequeña
lloraba y que aún seguía cantándomelas cada noche, no volverá a cepillarme el
pelo, ni a abrazarme cuando esté triste. Mi madre era genial, es genial, y debo
decir que hasta la noche antes de su muerte no fui capaz de asimilar todo esto.
Es duro, pero sus palabras como siempre me tranquilizaron,
me ayudaron y me llevaron a hacerle una promesa, y aquí estoy, tratando de
contener mis lágrimas, mirando por la ventana, la luz del sol, no quiero
esconderme debajo de la almohada y comenzar con un sinfín de días oscuros, no,
se lo prometí, sería fuerte, y así lo haré.
Vivía con mi madre en un gran ático en el centro de Baton
Rouge, en Luisiana, es raro que alguien como yo viva en esta gran ciudad llena
de ruido, pero poco a poco te terminas acostumbrando.
Me vine a vivir aquí con 6 años, cuando mis padres
decidieron separarse, fue una etapa difícil ya que acostumbrarse a una vida
nueva no es nada fácil, pero dentro de lo que cabe, Baton Rouge tiene su
encanto, y con el tiempo se ha convertido en mi ciudad, aquella que nunca creí
que sería capaz de abandonar.
Hace una semana que estoy en casa de Flor, la mejor amiga de
mi madre, desde que nos vinimos aquí son inseparables, casi como hermanas, por
eso Flor se ha convertido en un tía para mi, y su hijo Héctor, es como mi
primo, hemos pasado parte de nuestra infancia juntos, jugando cada día en el
parque, y a pesar de que él es dos años más mayor que yo y siempre esta
bastante liado con su carrera, está dispuesto a ayudarme con mis estudios
siempre que se lo pido, si no fuera porque tengo todo el día en la cabeza que
somos casi como primos, creo que estaría enamorada de él.
Estos días son difíciles, vivir en una casa que no es la
tuya siempre es difícil pero Flor y Héctor tratan de hacer todo lo posible para
que esté lo mejor posible.
Si no fuese por la carta que recibí ayer, seguiría pensando
que mi estancia en esta casa sería larga y que acabaría acostumbrándome a
formar parte de esa familia.
Ya había leído esta parte :( yo quiero algo nuevo!!
ResponderEliminarbesicos princesa!
¡Hola Yai! Soy Lara, la amiga de Angélica. Vi el link de tu blog en el twitter y la verdad es que me ha gustado este capítulo que has escrito :) Ánimo con ello y espero que se cumpla tu sueño :)
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